Declaración de Fe
Declaración de Fe de El Pentecostal: creemos en un solo Dios verdadero manifestado como Padre, Hijo y Espíritu Santo, en el nuevo nacimiento por arrepentimiento, bautismo en el nombre de Jesús y el Espíritu Santo, y en una vida de santidad conforme a las Escrituras.
Lo que creemos, firmes en la Palabra de Dios
En El Pentecostal no presentamos opiniones humanas ni tradiciones cambiantes. Presentamos lo que la Iglesia Apostólica ha creído y predicado desde el día de Pentecostés: la verdad revelada en las Sagradas Escrituras, sin añadir ni quitar nada de ella (Apocalipsis 22:18-19). Esta es nuestra Declaración de Fe, fundamentada en la Palabra de Dios y en armonía con la fe pentecostal unicitaria que ha caracterizado a la Iglesia Pentecostal Unida de Venezuela y al Concilio Global de la United Pentecostal Church International.
"Porque otro fundamento nadie puede poner, que el que está puesto, el cual es Jesucristo" (1 Corintios 3:11).
Las Sagradas Escrituras
La Biblia es la única autoridad
Creemos que la Biblia, compuesta por el Antiguo y el Nuevo Testamento, es la Palabra inspirada de Dios, inerrante e infalible en su totalidad. Es la única regla de fe y la autoridad final para toda doctrina, toda práctica y toda instrucción de la Iglesia. Nada que contradiga la Escritura puede ser sostenido como verdad, sin importar cuán antigua o popular sea la tradición que la respalde.
"Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia" (2 Timoteo 3:16).
La naturaleza de Dios
Un solo Dios verdadero
Creemos en un solo Dios vivo y verdadero, eterno, infinito en poder, santo en su naturaleza, sus atributos y su propósito, y poseedor de una deidad absoluta e indivisible. Este Dios no es tres personas distintas, sino una sola persona que se ha manifestado plenamente: como Padre en la creación y en la paternidad sobre su pueblo, como Hijo en la redención a través de Jesucristo, y como Espíritu Santo en su obra de morar y actuar en su Iglesia.
"Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es" (Deuteronomio 6:4). "Yo y el Padre uno somos" (Juan 10:30).
Jesucristo es Dios manifestado en carne
Creemos que Jesucristo es la plena manifestación de ese único Dios en forma humana. En Él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad. Él no es una persona separada del Padre, sino Dios mismo revelado al hombre, "Emanuel, que significa: Dios con nosotros" (Mateo 1:23).
"Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad" (Colosenses 2:9). "Dios fue manifestado en carne" (1 Timoteo 3:16).
La salvación del hombre
La condición del hombre y la obra redentora de Cristo
Creemos que todo ser humano nace en pecado y necesita ser redimido. Por amor, Dios se manifestó en Cristo para morir en la cruz, derramar su sangre por la remisión de los pecados, ser sepultado y resucitar al tercer día, venciendo la muerte y abriendo el camino de salvación para todo el que cree.
"Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito" (Juan 3:16).
El nuevo nacimiento: arrepentimiento, bautismo y el Espíritu Santo
Creemos firmemente en la experiencia del nuevo nacimiento descrita por Jesús a Nicodemo: nacer de agua y del Espíritu (Juan 3:5). Esta experiencia incluye tres elementos inseparables, conforme al modelo establecido por el apóstol Pedro el día de Pentecostés:
- Arrepentimiento genuino, que representa la muerte al pecado.
- Bautismo en agua por inmersión, en el nombre del Señor Jesucristo, para la remisión de los pecados, que representa la sepultura con Cristo.
- El bautismo del Espíritu Santo, con la evidencia inicial de hablar en otras lenguas según el Espíritu da que se hable, que representa la resurrección a una nueva vida.
"Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo" (Hechos 2:38).
Esta no es una fórmula religiosa vacía, sino el patrón vivo y repetido a lo largo del libro de los Hechos (Hechos 2:38; 8:12-17; 10:44-48; 19:1-6), y es la puerta por la cual todo hombre y toda mujer entran a formar parte del Cuerpo de Cristo.
La vida en santidad
Llamados a ser santos
Creemos que la santidad no es una opción ni una etapa posterior a la salvación, sino el fruto natural de una vida verdaderamente transformada por el nuevo nacimiento. El creyente, lleno del Espíritu Santo, es llamado a separarse del mundo, sus afectos y sus prácticas, viviendo en consagración, pureza y testimonio delante de Dios y los hombres.
"Sed santos, porque yo soy santo" (1 Pedro 1:16). "No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo" (1 Juan 2:15).
Los dones del Espíritu y el ministerio de la Iglesia
Creemos que el Espíritu Santo continúa repartiendo sus dones en la Iglesia para la edificación del Cuerpo de Cristo: sabiduría, ciencia, fe, sanidades, milagros, profecía, discernimiento de espíritus, géneros de lenguas e interpretación de lenguas. Creemos también en la sanidad divina como provisión de Dios para su pueblo, y en la oración de fe como medio para alcanzarla.
"Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho" (1 Corintios 12:7).
La esperanza bienaventurada
El regreso de Cristo y la vida eterna
Creemos en la segunda venida literal y personal de Jesucristo, en la resurrección de los muertos, en el juicio final y en la vida eterna para todos los que han permanecido fieles hasta el fin. Esta esperanza nos impulsa a vivir en santidad, vigilancia y servicio constante, mientras aguardamos su regreso.
"Mirad, vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra" (Apocalipsis 22:12).
Nuestra postura final
Una fe que no negociamos
Esta Declaración de Fe no es una opinión entre muchas; es nuestra convicción firme, sostenida con humildad pero sin titubeo, porque está anclada en la Palabra eterna de Dios. No predicamos tradiciones de hombres ni doctrinas pasajeras: predicamos a Cristo crucificado, resucitado y exaltado, el único nombre dado para la salvación de la humanidad (Hechos 4:12).
"Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna" (1 Timoteo 6:12).
Si esta Palabra ha tocado tu corazón, te invitamos a buscar a Dios con sinceridad, a arrepentirte, a ser bautizado en el nombre de Jesucristo y a recibir la promesa del Espíritu Santo. La Iglesia Apostólica del Señor Jesucristo te espera con los brazos abiertos.